Canción de Hielo y Fuego · Daenyra Targaryen
Familia, deber o amor
No portaba símbolos que me delatasen, llevaba el cabello bien recogido y ningún mechón me sobresalía por la capucha de la capa oscura que me ocultaba. Caminaba apresurada hacia los establos cercanos del Reposo del Grajo justo a la hora del amanecer, mientras nervioso, el corazón me retumbaba en el pecho.
Esa misma noche, después de haber hablado con Renash y regresado a mi habitación, una vez que estaba dormida, Edrik se coló por la ventana, me despertó y tras una breve conversación me pidió que marchase con él para empezar una vida de cero. Le dije que no podía irme sin más, que había una batalla cerca y que no me perdonaría dejar solos a mis hermanas, hermano y padre. Temía que les pudiese pasar algo. Me reclamó el hecho de que todos parecían vivir en base a lo que consideraban, que tomaban las decisiones que más les gustaba o convenían a cada uno de ellos. Que todos eran egoístas y que yo me sacrificaba por todos, que era la única que no miraba por mis intereses, por lo que verdaderamente quería. No se lo pude negar, menos aun tras alguna conversación esa misma noche mantenida.
Después de varias palabras más, de decirme donde me esperaría, a que hora y que sabía que al final me iría con él, abandonó mi habitación.
Le vi a lo lejos, sonreí con tristeza pues sabía lo que le iba a decir, a pedir. Pero desconocía lo que él diría y haría finalmente. Me acerqué a él y reclamé su atención con un par de toques en el hombro. Cuando se giró me miró con sorpresa y la sonrisa enorme que se le dibujó en el rostro, era hermosa. Me explicó que estaba todo listo, que a esa hora habían pocos guardias y que debíamos ponernos en marcha.
Al ver la expresión de mi rostro, me preguntó si todo iba bien. Me hubiese encantado decirle que si y marcharme con él, a empezar esa nueva vida los dos, sin apellidos, sin normas, sin ser los peones de ningún juego, pero negué. Volví a hablarle sobre lo que estaba por venir, como me sentiría en caso de que alguien de mi familia sufriese daño sin yo estar, sin poder haber intentado hacer nada para evitarlo. Le pedí algo más de tiempo preguntándole si no podía esperar un poco más.
Todavía albergaba una mínima esperanza en el fondo de mi ser, pero esa se quebró cuando escuché su negativa. Intentó ocultar su dolor, sus lágrimas, pero las vi y lo sentí. Alegó que ambos sabíamos que no había más oportunidad, que la misma situación que había ese día, lo habría cualquier otro, por que si no era un problema, sería otro. No podía quitarle la razón en eso, igual que no pude quitarle la razón en varias de las cosas que me dijo en la habitación.
Se giró para terminar de preparar el caballo. Tal vez era lo mejor, pero aquello me estaba destrozando. El único consuelo, por llamarlo así, en el que podía pensar, era que él seguiría con su vida, sin más sufrimiento por mi culpa, sin que mi familia o los Mormont, pudieran arrebatarle nada más.
Deseaba que se diese la vuelta, que me mirase una vez más, que dijese que si, que esperaría un poco más, de verdad que lo deseaba. Un nudo en mi garganta no me dejaba hablar. Le observé en todo momento aun esperando que se giras. Una vez montado a caballo, pareció que lo iba a hacer y fui a decirle algo. Algo que tal vez le hubiese hecho dudar o quedarse, pero al ver, que finalmente no se giró, lo tomé como una señal para tragarme esas palabras y no pronunciarlas.
Vi como se alejaba siendo incapaz de dejar de llorar, esperé por si el caballo se detenía, por si se daba la vuelta, pero no se giró, no se detuvo y cuando estuvo a una clara distancia, decidí apresurarme a regresar a la Fortaleza Roja. Acababa de poner a mi familia por encima de mi felicidad, por encima del hombre que quiero, pero mi corazón estaba dividido, pues a ellos también los quiero.
De camino a la fortaleza intentaba convencerme de que él lograría ser verdaderamente feliz, que seguramente conocería a alguien que le haría olvidarme, con quien poder compartir su vida, su lealtad, pero eso no ayudaba, dolía aun más. Así que decidí que lo mejor, sería dejar de pensar en él cuanto antes. Si, debía dejar de pensar en el hombre que se fue el mismo día que le dije que le quería.
Ya de vuelta en mi habitación me cambié de ropa. De nuevo los dragones en mis prendas, de nuevo mi cabello plateado a vista de todos y de nuevo esa máscara de serenidad, esos muros alzados a mi alrededor, a pesar de una triste mirada.
Preparada bajé a Pozo Dragón, allí estaban mis hermanas y hermano, además de mis tíos Rhaemon, Aegon y al parecer unas fulanas que acompañarían este último. Me sorprendió y extrañó ese cambio, no ver ahí a Otto, pero no me apetecía preguntar al respecto. Monté con Renash en su dragón. Kaith montó con Rhaemon. Aelys con Aemond y Aegon con sus fulanas.
El viaje duraba un día y medio, así que descansamos durante la noche y al amanecer proseguimos con la ruta.
Ya en el Rejo, tras dejar a los dragones en una amplia zona, proseguimos a pie, durante el camino vimos que se nos acercaba alguien con el blasón de los Redwyne, un mensajero.
Aelys le saludó. Rhaemon le dijo que veníamos a hablar con su señor. El mensajero nos dijo que estaba indispuesto. Parecía titubear un poco a la hora de responder. Pretendía que volviésemos en otro momento, pero Rhaemon negó y le dijo que era una charla de urgencia y que dudaba que quisiese echar de ahí a los príncipes Targaryen. El mensajero dijo que ahora volvería y Rhaemon nos aseguró que ese hombre mentía, cosa que no me sorprendió ante su modo de respondernos.
Aegon como no, sin esperar ni un instante, comenzó a caminar con sus fulanas, le siguió Rhaemon, Kaith, Aelys con Aemond y tocó seguirles a regañadientes.
Llegando a la zona, al portón, volvió a aparecer el mensajero. Como era de esperar se extrañó al vernos ahí a todos y nos invitó a pasar alegando que su señor había aceptado a recibirnos haciendo un esfuerzo pese a su salud.
No quería acompañarnos y yo no me fiaba, algo no me olía bien, así que le pedí que nos acompañase, le tuve que insistir pero aceptó. Nos guió hasta una bodega y tras presentarnos ante su señor, se marchó.
El primero en presentarse, para novedad de nadie, fue Aegon, empezando con exigencias sin espera, como pedirle al señor de ese lugar que se girase, ya que estaba al fondo, de espaldas a todos, lugar al que aun nos debíamos acercar.
Conforme se fueron acercando, él fue entregando copas, yo me quedé un poco más atrás, caminé sin prisa no me apetecía beber y seguía desconfiando, no se, sentía como si algo pasase, algo no me cuadraba.
Al no estar del mejor humor, preferí mantenerme callada, escuchando la conversación y como no, pequeños encontronazos entre nuestra propia familia, por Aegon más que nada, Rhaemon se comportó a decir verdad, durante toda la conversación, creo que él también quería que aquello saliese bien, necesitábamos ese apoyo en la batalla que estaba por venir. Aegon, no se lo que tenía en la mente, serrín seguramente.
A veces me distraía un poco de la conversación, lo de dejar de pensar en Edrik, no era sencillo. Cuando más distraída estuve, fue cuando estuvieron hablando del vino que habían probado. Lord Redwyne preguntó que en cuantos dragones habíamos ido. Su pregunta me extrañó, aquello llamó mi atención, así que volví a centrarme en la conversación.
Cuatro fue la respuesta. Tras ello comentó que suponía que ese era nuestro método de persuasión. Aelys negó, dijo que era nuestro método de viajar, como Targaryens que somos. Él explicó todos los medios que usaba para poder hacer un viaje largo. Aegon añadió que uno de los dragones era muy grande, para que lo tuviese en cuenta. Rápida Aelys intentó dejar claro que no eran una amenaza. Aegon repitió lo que ella dijo y sacó el tema de la flota y le preguntó, que era lo que quería a cambio de esta.
Entonces Lord Horas reparó en mi, me miró y me preguntó si yo no hablaba. Respondí tranquila que ante tanta gente hablando, lo conveniente era guardar un poco de silencio, pero que si hablaba. Tras ello me comentó que tampoco me había apresurado a tomar vino, que mi hermana era quien se llevaba todo el deseo por beber, señalando también a los demás que se habían apresurado a tomar una copa de sus copas. Sin dudar volví a responderle con la misma tranquilidad. Que se debía a que el paladar de mi hermana o mi tío, eran más refinados a la hora de poder captar el sabor de un buen vino. Que si que disfrutaba de una copa de este, pero no al nivel de ellos, que no quería poder causar desperdicio de una buena copa de su vino y que lamentaba si eso le había ofendido. Para mi sorpresa, su respuesta fue que sabía hablar mejor de lo que imaginaba. No se si se pensaba que por estar callada, no iba a saber mantener una conversación.
Aelys me hizo un hueco para que me acercase, ya que estaba más atrás de todos ellos, pero preferí quedarme donde estaba, mi humor no era el mejor y no quería tener cerca a Aegon.
Escuché las siguientes palabras de Lord Horas, un hombre sin duda inteligente y claro. No parecía necesitar nada de lo que podíamos llegar a ofrecer, el bloqueo tampoco le afectaba, por ende, no le era un problema y no quería enviar a su gente, a una batalla. Lo entendí, pero necesitábamos ayuda, por eso estábamos ahí.
Preferí seguir callada, en otras ocasiones había hablado yo, dando inicio a conversaciones necesarias, respuesta a preguntas que las esperaban, o calma donde la tormenta se empezaba a alzar. De tener mejor humor, seguramente habría participado en la conversación, intentado llevarla de otro modo, pero decidí mantenerme en mi postura inicial y dejarlos negociar a ellos.
Me resultó curioso observarles, escuchar las respuestas de Lord Horas, donde seguía dejando claro que no le podíamos ofrecer algo que necesitase. Ese Lord me causaba curiosidad y me hubiese gustado poder conversar con él a solas, de hecho, sí, quería hacer eso una vez la negociación acabase. Su modo de rechazar lo que le ofrecíamos, llamaba demasiado mi atención y despertaba dudas en mi.
La conversación durante un momento se volvió repetitiva, hasta incluso llegar a no tener sentido. Como repetir lo del bloqueo, que para nada le afectaba. Explicó con quien negociaba, por donde comerciaba y podía comerciar. La relación que tenía con quienes hacía sus negocios.
Reconozco que Lord Horas tuvo mucha paciencia y entiendo que terminase enfadado. Aegon acabó exigiéndole de forma directa que nos ayudase, sacando a relucir una deuda, que al parecer solo conocía él y que no le quedaba de otra. Nos preguntó si eso era entonces lo que pedíamos, nos miró a todos y cada uno de los presentes.
Mis hermanas hablaron, haciendo posibles ofertas. Rhaemon también habló. Lord Horas preguntó de nuevo, si debía escoger entre lo que Aegon le había dicho, o lo que le habían ofrecido entre ellos. Kaith dijo que lo de Aegon era una exigencia, pero que lo de ellos una oferta y afirmó que si, que era entre esas cosas, que debía elegir.
Decidí hablar, solo para intentar dejar claro algo que creí conveniente, fui breve. Expliqué que no queríamos forzarle a entregarnos ni sus tropas ni sus barcos. Que estaba segura de que a la mayoría nos gustaría llegar a un buen trato para ambos, pues bien sabía que necesitábamos su flota, que si no, no habríamos ido hasta allí y que él era plenamente consciente de eso y que por ello nos había ofrecido, sus iniciales propuestas.
Kaith no tardó en ofrecerle eliminar la deuda de la que Aegon habló. No se que le susurró Kaith a Aegon, pero este actuó como salvador de todos diciéndole que nos diese solo los barcos.
Esperé a ver si todos marchaban después de la petición de que nos marchásemos tras finalmente, haber cerrado el trato con él. Era claro el enfado de Lord Horas y yo tenía algo en mente, pero no se marchaban. El humor de Lord Horas parecía ir a peor cada vez que repetía que nos marchásemos. Cerré los ojos haciendo acopio de paciencia, no por aquel Lord precisamente.
No se muy bien por que Aelys dijo a Aegon que no nos íbamos por que íbamos a dejar todo por escrito. Yo solo quería tener una escueta conversación con aquel Lord, el cual, dejó clareo a Aelys, que ya había gente de mayor edad, con sus cargos que se encargaban de ello.
Rhaemon se marchó, Lord Horas volvió a insistir, Aelys se acercó a disculparse. Lord Horas habló de la hipocresía que había visto. Aelys volvió a hablarle y él preguntó que cuantas veces tenía que pedir que nos marchásemos y ella se retiró también. Viendo arruinado lo que quería hacer, sencillamente asentí hacia el Lord de forma respetuosa, le agradecí por recibirnos y me disculpé por el espectáculo que había vivido. Estaba segura de que me repetiría que nos marchásemos, pero cabeceó asintiendo, entonces marché del lugar.
Una vez superamos aquello, regresamos junto a los dragones y del mismo modo que vinimos, nos fuimos de regreso. O ese era el plan. Kaith y Rhaemon, fueron a ver a Daeron. Aegon con sus putas, fue el primero en marchar. Yo desconfiando de lo que podía decir a nuestro abuelo de llegar primero, indiqué a Renash que sería mejor llegar a la par de él. Y detrás, parecían venir Aemond y Aelys, aunque no fue así, a la fortaleza roja, solo llegamos Aegon, Renash y yo. No tardé en poner rumbo al salón del trono, para mantener a Aegon y su lengua vigilados. Aunque dependiendo de lo que pudiese llegare a escuchar, lo mismo, terminaba por explotar.
El otro grupo también parecía haber llegado de las islas del hierro y se encontraba en el gran salón. Alcé una ceja tras escuchar alguna de las cosas dichas por Aegon, dejé claro que obligó a Lord Horas a darnos sus barcos. Le pregunté por la deuda de la que habló, pero al parecer, ni él tenía idea de cual era esa deuda. El abuelo respondió que la corona le adelantó parte del pago para la construcción de los navíos y que la estaba pagando poco a poco. Pregunté entonces a Aegon que cómo sacaba el tema de una deuda que ni él mismo conocía bien, entonces intento culpar a Kaith de haberlo hecho ella. Preferí respirar y dejar el tema.
Me preocupa el abuelo, se confundió pensando que sus nietos habíamos ido con Daryl y los demás. Empezó a poner castigo sobre los Greyjoy, pidiendo más levas, más impuestos, pues pensó que nos habían ofendido, faltado al respeto y dijo que no les podía tratar así, que eran sus nietos. Le aclaré que nosotros, sus nietos a donde fuimos, fue al Rejo.
Al ver que mi abuelo se había cortado en el trono y ante su confusión, me acerqué un poco más para preguntarle si se encontraba bien. Me dijo que si, que solo un poco cansado, me peguntó por mis hermanas, le dije que no lo sabía, que venían detrás y que debían estar al llegar.
Seguía preocupada por mi abuelo, aun no había podido hablar con el maestre, sobre lo que sea que le estuviesen dando, pero debía hacerlo cuanto antes. De hecho mi idea era ir a verlo justo en ese momento.
Se escuchó ruido en el salón del trono, las puertas de este se abrieron y entonces me giré. Al ver a mi hermana y mi tío, tomados de la mano, cada uno con un corte en el labio inferior y sangre en sus manos, no podía ser, no daba crédito a lo que estaba viendo, no podía ser verdad. Di unos pasos aun asimilando lo que mis ojos estaban viendo. Me detuve al lado de Daryl. Sentí el frío recorrer mis venas, el enfado, la ira. Mi hermana tenía la cabeza alzada, pero no era capaz de mirar hacia delante, la mayor expresión posible de cobardía es ocultar la mirada. Sin tan orgullosa parecía estar de lo que había hecho, debería mostrar una mirada tan alta como llevaba su cabeza.
Daryl me preguntó que si eso era normal. Negué añadiendo que daba igual si era o no normal, le dije que era raro. Daryl dijo que él no se casaría con su primo, creo que le falta un poco de historia Targaryen, aunque tal vez esté mejor sin conocerla.
Daryl me pregunto que por qué era raro. Le dije que no era raro que los Targaryens nos casemos entre nosotros. Que el asunto estaba en que mi hermana Aelys estaba prometida con el Lord Mormont y que según veíamos, se había casado con Aemond a solas.
Daryl volvió a preguntar que si era un problema. Le expliqué, que para evitar problemas con el norte, aquel gesto obligaba a que mi hermana Kaith, debía ser la que se casase con ese Lord, pues yo estaba ya prometida con Renash. Eso si que le pareció raro. Ahí yo solo le miré de reojo para luego volver la vista a mi hermana.
Aegon preguntó a Aemond que si estaba tonto. Daryl se quejó de esos modales y añadió, que él creía que los Velaryon no hacían eso, pero se incluyó al decir aquello, eso solo quería decir, que ya le habían confirmado de algún modo, que es un bastardo de Velaryon y el único que quedaba con vida, era Corlys.
Aemond respondió hacia Aegon, que había hecho lo que debía hacer. Yo encaré a mi hermana, le dije que puede que no estuviese prometida, pues alegó que nuestro abuelo había retrasado ese compromiso. Le dije que puede que estuviese enamorada de nuestro tío, que de hecho sabía que así era y que ella sabia que yo la apoyaba. Pero no de esa manera. No así, haciendo eso. Ella alegó que no había otra manera, que intentó hablar con todos.
Le pregunté entonces que si acaso creía que ella era la única que hacía sacrificios. Lo negó, pero alegó estar cansada de hacer sacrificios. En ese preciso momento, mi sangre comenzó a arder, reviviendo una vez más lo que viví al amanecer, de hace un par de días. Apreté el puño derecho con rabia y elevando un poco más mi voz, de claro enfado, pregunté que cuántos sacrificios había hecho ella. Me repitió mi misma pregunta con incredulidad en la voz y yo le asentí, le dije que quería que me los enumerase.
Lo único que dijo, era que había estado toda su vida, la cual solo llega a la edad de dieciséis, intentando educar a Renash. Según dijo, había sido la profesora de Renash, no una niña, se quejó de que no pudo ser una hermana ni una hija. Aquellas palabras solo aumentaron más mi enfado. No daba crédito a lo que acababa de escuchar. ¿Ahora resulta que estar al lado de su hermano, parecía ser un sacrificio? o un problema. No me interesó esa excusa, pues para mi solo era una excusa. Ambos tienen la misma edad, lo siento, pero no me creo que ella fuese maestra, pues nunca faltó personal en Rocadragón y por ello le pregunté que si es que no habían más personas para educarle, como por ejemplo, nuestros padres, pero esa obviedad preferí omitirla.
Ahora la respuesta cambió, ya no era educar, pues dijo que no habían más personas en Rocadragón que pudiesen controlar a Renash. Creo que ya no sabía que decir, pues no mantenía coherencia en sus palabras. ¿El sacrificio era estar al lado de mi hermano? ¿hacer supuestamente de maestra y no de hermana? ¿o tal vez lo último que dijo sobre controlarle?.
Pensando en Renash precisamente, en nuestra conversación de la otra noche, formulé una nueva pregunta a mi hermana. Quería saber si era consciente de lo que iba a causar en nuestro hermano, lo que ella acababa de hacer.
No me respondió y en el fondo yo me sentí un poco idiota, por que yo si que pensaba en ellos. Aelys prefirió empezar a decir unas palabras que no le iba a permitir que dijese, intentando utilizar un alegato que no le correspondía a ella, pues a ella no le afectaba ni le importaba en lo más mínimo. Pero era el interés lo que hablaba, el intentar seguir buscando excusas.
Cuando escuché su pregunta, sobre si yo prefería que ella se hubiese ido al norte, con la misma gente que le dio la espalda a Edrik, que se olvidaban de los suyos. Le repetí aun más alto para callarla, para interrumpir aquello que a ella no le correspondía decir, que no se atreviese, que no se atreviese a usar eso como excusa ni a nombrarlo.
¿Qué sabrá ella de como afectó o dejó de afectar eso a Edrik, como para escupir esas palabras en mi cara. A ella Edrik le daba completamente igual, pero quedaba bonito decir, aquello o supongo que pensaría que yendo por ahí, iba a calmar mi enfado, pues logró todo lo contrario.
Mi sangre ardía más que las llamas de cualquier dragón. Mi respiración era agitada, mi corazón latía desbocado. Y entonces vi bien claro ante mi, cuanta razón tenían las palabras que Edrik me dijo en la habitación. Pero mis otros hermanos no eran como ella. Ellos no elegirían por encima de sus hermanos, no al menos sin hablar con nosotros, no sin consultarnos o buscar alternativas, lo sabía. Había hablado con ambos. Y para lo que habló Aelys conmigo, fue para ver si me cambiaba por ella y me casaba yo con ese maldito Mormont. Quise llorar, quise gritar, pero no merecía la pena que desperdiciase energías con aquello, ya estaba hecho y ahora solo quedaba asumir las consecuencias de lo que aquel matrimonio acarrearía y seguramente, despedirme de Kaithlys, pues solo quedaba ella libre de matrimonio o compromiso. Inspiré profundamente y las consecuencias, solo empezaban a asomar, convirtiéndose en acelerados pasos de casi el resto de la familia.
Mi madre, Alicent, Rhaemon, mi hermana Kaithlys, mis otros hermanos. Todos menos Renash, estábamos allí y prefería no pensar en lo que podría pasar en cuanto llegase.
Mi madre culpó a Aemond, Alicent culpó a mi madre alegando que eso era para forzar un lazo de unión. Empezaron a discutir entre ellas. Aemond dijo que lo hizo por que quiso, pero Alicent, como no, le calló. Aelys dijo que se había casado por que había querido. Aegon como no, abrió la boca para empezar a denigrar a mi familia. Jacaerys le animo a seguir hablando, mi madre le pidió que se callase.
Y a saber por que empezó a quejarse de Kaithlis y de mi, señalándonos y diciendo que vamos lanzando puñales a la espalda. Que mi hermana Aelys se acababa de cagar en el reino, seguro que forzando al suyo a casarse con ella, por no querer casarse con un Mormont. Según él, nosotros éramos el hazme reír del reino. Decía que con razón el apellido Targaryen era de risa y que por eso nos habían tratado así en el Rejo y que él se había tenido que meter a salvarnos las castañas del fuego. Luego fue a hablar de mis hermanos y mi abuelo pidió silencio.
Aegon, como no, volvió a hablar y como no, mencionó el apellido Strong, estaba decidido sin duda a decirlo, estaba claro cuando fue a hablar de varios de mis hermanos.
Le dije a Aegon con la voz alzada, para que todos en la sala pudieran escuchar bien, que hablaba y acusaba sin tener ni idea. Que cuando supiese de lo que hablaba, que entonces podría hablar. Le dejé claro que tanto mi hermana como su hermano, aunque daría igual lo que le dijese, pues seguro como siempre, él diría lo que le viniese en gana. Dije en alto que ambos estaban enamorados. Y que si no era así, que Aemond, ahí, delante de todos, lo negase.
Aquello último lo dije mirando precisamente hacia mi tío Aemond. Estaba cansada de verlo actuar como un cobarde y si quería a mi hermana de verdad, lo iba a reconocer ahí y ahora y si no, pues lo negaría. Algo debía responder, así que esperé que lo hiciera.
Al parecer aquello pilló a Alicent por sorpresa y le preguntó que si le había obligado o lo que dije era verdad. Aelys sonrió, encima soy idiota y le tiendo mi ayuda a pesar de lo que ha hecho, pues ante todos, Aemond respondió que sí y confirmó que amaba a Aelys.
Alicent les reclamó que si sus caprichos iban por encima de todo lo que correspondía con el reino. Aegon volví a hablar y golpeó a mi hermano Jacaerys, puede que devolviéndole el golpe que este antes le dio, cuando fue a hablar mal de ellos.
Vi a Ser Harwing Srong correr hacia Aegon, por otro lado, Cole corría también hacia ellos. Lucerys fue a ayudar a Jacaerys, pero Aemond le paró.
Daryl intentó frenar a Ser Harwin Strong, pero este le dio un fuerte empujón que lo lanzó a mis pies. Ayudé a Daryl a ponerse en pie y tiré de él para que retrocediese y no se viese involucrado en todo lo que estaba empezando a suceder ahí pues, Ser Criston Cole desenvainó y golpeó a Ser Harwin Strong en la armadura haciéndole retroceder. Jacaerys se tiró encima de Aegon y este le forcejeó. Lucerys estaba forcejeando con Aemond para poder ir hacia Jacaerys. Aelys se acercó a Jacaerys, aunque este estaba dándole sus buenos puñetazos a Aegon.
De pronto Kaith gritó pidiendo que frenasen aquello y hacia mi abuelo dijo, que el matrimonio con el Lord Mormont aun se podía dar, que aun quedaba una hija más, lo sabía, sabía que se iba a ofrecer y así lo hizo. Alegó que nosotras estábamos comprometidas, bueno, Aelys casada, pero que ella estaba libre.
Aegon una vez más abrió su enorme bocaza para decir que los Mormont no iba a aceptar a una puta. Jacaerys volvió a golpear a Aegon tras escuchar que dijo aquello hacia nuestra hermana.
Lucerys empuñaba una daga y se quería acercar a Aegon. Kaith intentó interponerse ante él pero Aemond empujó a Lucerys. Mi hermano Lucerys no pudo pasar y Aemond empezó a gritar mientras la cuenca de uno de sus ojos, estaba vacía. Ese ojo había sido cercenado por la daga de Lucerys.
Ante todo aquello, una vez más, recordé varias palabras y sin dar crédito de lo que estaba viendo, hubo algo me quedó más claro que el agua que bebemos.